Después de Monteverdi, las operas buscaron ser cada vez más importantes en la expresión de sentimientos. Aparecían recitativos con apoyo instrumental, algunos dúos, coros, preludios e interludios instrumentales. Todos estos espectáculos se presentaban en forma única en el cual el costo de producción eran altísimo. Por lo tanto, la Opera era por entonces un lujo que solo podían permitirse las cortes principescas. El primer teatro de Opera basado en el concepto de entrada paga fue el teatro de Venecia en 1637, al que luego sucederían muchos otros. Pronto hubo teatros en Roma, Bolona, Napolés, París, Viena y Hamburgo.
En el año 1657, en Francia, la ópera fue convertida en "ópera-ballet" y Lully la presentó siguiendo el esquema drama-música-ballet, al gusto francés.
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