Carmina Burana es una cantata escénica del siglo XX compuesta por Carl Orff entre 1935 y 1936, utilizando como texto algunos de los poemas medievales de Carmina Burana. La obra se compone principalmente de versos en latín aunque cuenta con fragmentos en alemán y provenzal antiguo (francés). Su fragmento más conocido es el O Fortuna, que constituye la primera parte del preludio y que se repite al final de la obra. Orff subtituló la composición: Cantiones profánae cantóribus et choris cantándae comitántibus instrumentis atqüe imáginibus mágicis (en español: ‘canciones laicas para cantantes y coreutas para ser cantadas junto a instrumentos e imágenes mágicas’).
La versión de Orff forma parte de una trilogía junto a Catulli Carmina y El Triunfo de Afrodita. En la cantata, además de la orquesta y coros, intervienen solistas (soprano, tenor, bajo), destacando su abundante y espléndida percusión.
De la colección completa de los Carmina burana, Orff escogió 25 canciones y las ordenó de modo que pudieran ser representadas en un escenario. En cuanto a la música, se amoldó a la sencillez de los textos. Aproximadamente la mitad de las piezas son canciones cuya melodía se repite en cada estrofa casi sin variantes, limitándose algunas veces a realizar simples escalas mayores o menores.
El ritmo es el encargado de dar variedad al conjunto, impidiendo así cualquier monotonía. Esta riqueza rítmica es, tal vez, la característica más importante de los Carmina Burana de Orff. Sin embargo -aunque nunca se ha mencionado explícitamente-, podría existir una fuente de inspiración: Las Bodas (Stravinsky, 1923).
La obra de Orff consta de una introducción, tres partes y un final.
• Introducción: Fortuna imperatrix mundi.
• Primera parte: Primo vere - Ûf dem anger.
• Segunda parte: In taberna.
• Tercera parte: Cour d’amours - Blanziflour et Helena.
• Final: Fortuna imperatrix mundi.
Los orígenes del Carmina Burana y en la actualidad
La otra cara de la Edad Media es Carmina Burana, una especie de intermedio entre la antigüedad Clásica Griega y el ascetismo monástico de las Cruzadas. Es un cancionero profano que relata usos y costumbres de la época y que nos permite reconstruir los excesos y refinamientos de esa vida cotidiana en diferentes encuadres sociales, ya sean los monasterios, las tabernas, la vida íntima y secreta de las doncellas y las damas de la vida galante .
Quinientas canciones que no son más que un brochazo en el lienzo de la vida, suficientes para dejarnos picados y saber que no hay nada nuevo bajo el sol. Los místicos siguen siendo los mismos, las prostitutas por ende, los héroes tal cual; los pícaros ni se diga. Así la vida rueda ladera abajo como la piedra de Sísifo, mientras observamos unas veces con alegría, otras con complicidad y otras con horror, como pasa ante nuestros ojos implacablemente y alguien con una paciencia y observancia más aguda que la nuestra se dedica a relatar artísticamente los sucesos en forma de poemas, canciones, tragedias y novelas que llenan ahora librerías, tiendas de discos del mundo, de la red electrónica que tiene más de un millón de entradas para el tema y las de la secreta almohada que son más abundantes.
Es una pena que un documento tan valioso haya permanecido en el silencio de la historia durante ochocientos años y solo hasta el siglo veinte empezó a ser fuente de conocimiento y difusión de la cultura de aquella época.
Ocasionalmente aparece Carmina Burana como un pequeño folleto de mano de alguna Filarmónica con las melodías que el compositor alemán Carl Orff arregló para su cantata profana del mismo nombre. Muchas de estas melodías son de una vulgaridad descarnada y cínica, por lo que uno se siente aliviado cuando de repente te encuentras en el mismo repertorio pasajes llenos de sensibilidad, amor y ternura. La obra ha llegado a ser una de las más populares en el repertorio de la gente que no siente mayor afinidad por la música culta y que identifican a Carmina como una minita que canta muy bien la música gótica, o como “la del anuncio de tal automóvil, el tema de la Profecía, o la del whiskey fulano y cosas así” Todo mundo la quiere conocer como si persiguieran un autógrafo de Britney Spears. No hace mucho un alcalde español anunció que en el festival cultural de su provincia estaría Carmina Burana cantando en persona.
El hecho es que de pronto la obra se codea en ventas con el canto gregoriano de los monjes benedictinos o con los grupos del New Age, como Dead can Dance, Clannad, Enya, Lorena McKeenett o con los del gótico; que tanto atrae a los pibes dark.
Las películas con temas medievales, a cada momento nos proporcionan ambientes propicios creados por estos temas musicales; baste recordar la novela del Nombre de la Rosa de Humberto Eco, el Señor de los Anillos; generalmente vienen aderezadas con temas originales o sucedáneos de Carmina Burana.
Hay varias formas de acercarse seriamente al asunto, desde el punto de vista editorial está la edición en español de Alianza Universitaria y desde el punto de vista musical está la colección de tres y cinco discos que grabó René Clemencic para Harmonía Mundi Francia. Otro disco excelente con libreto incluido, del cual tomamos algunos de los textos es el de: Carmina Burana. Joel Cohen. Boston Camerata. Harvard University Chair. Teldek
Ambas vienen a resultar acercamientos más o menos confiables a la edad media del Siglo XII. No hay que olvidar que estos escritos eran como una quinta columna de la cristiandad, nacían dentro de su seno, volvían sus ojos a la antigua Roma, mas bien no se desprendía de esa manera tan humana de apreciar y sentir la vida desde la antigüedad clásica griega, digamos el siglo cuarto antes de Cristo.
Los Carmina Burana en términos generales sería algo así como Cánticos monásticos y aunque resulte poco verosímil, se escuchaban gran variedad de cosas que para nuestra época pueden resultarnos trastornantes y atrevidas.
La versión de Orff forma parte de una trilogía junto a Catulli Carmina y El Triunfo de Afrodita. En la cantata, además de la orquesta y coros, intervienen solistas (soprano, tenor, bajo), destacando su abundante y espléndida percusión.
De la colección completa de los Carmina burana, Orff escogió 25 canciones y las ordenó de modo que pudieran ser representadas en un escenario. En cuanto a la música, se amoldó a la sencillez de los textos. Aproximadamente la mitad de las piezas son canciones cuya melodía se repite en cada estrofa casi sin variantes, limitándose algunas veces a realizar simples escalas mayores o menores.
El ritmo es el encargado de dar variedad al conjunto, impidiendo así cualquier monotonía. Esta riqueza rítmica es, tal vez, la característica más importante de los Carmina Burana de Orff. Sin embargo -aunque nunca se ha mencionado explícitamente-, podría existir una fuente de inspiración: Las Bodas (Stravinsky, 1923).
La obra de Orff consta de una introducción, tres partes y un final.
• Introducción: Fortuna imperatrix mundi.
• Primera parte: Primo vere - Ûf dem anger.
• Segunda parte: In taberna.
• Tercera parte: Cour d’amours - Blanziflour et Helena.
• Final: Fortuna imperatrix mundi.
Los orígenes del Carmina Burana y en la actualidad
La otra cara de la Edad Media es Carmina Burana, una especie de intermedio entre la antigüedad Clásica Griega y el ascetismo monástico de las Cruzadas. Es un cancionero profano que relata usos y costumbres de la época y que nos permite reconstruir los excesos y refinamientos de esa vida cotidiana en diferentes encuadres sociales, ya sean los monasterios, las tabernas, la vida íntima y secreta de las doncellas y las damas de la vida galante .
Quinientas canciones que no son más que un brochazo en el lienzo de la vida, suficientes para dejarnos picados y saber que no hay nada nuevo bajo el sol. Los místicos siguen siendo los mismos, las prostitutas por ende, los héroes tal cual; los pícaros ni se diga. Así la vida rueda ladera abajo como la piedra de Sísifo, mientras observamos unas veces con alegría, otras con complicidad y otras con horror, como pasa ante nuestros ojos implacablemente y alguien con una paciencia y observancia más aguda que la nuestra se dedica a relatar artísticamente los sucesos en forma de poemas, canciones, tragedias y novelas que llenan ahora librerías, tiendas de discos del mundo, de la red electrónica que tiene más de un millón de entradas para el tema y las de la secreta almohada que son más abundantes.
Es una pena que un documento tan valioso haya permanecido en el silencio de la historia durante ochocientos años y solo hasta el siglo veinte empezó a ser fuente de conocimiento y difusión de la cultura de aquella época.
Ocasionalmente aparece Carmina Burana como un pequeño folleto de mano de alguna Filarmónica con las melodías que el compositor alemán Carl Orff arregló para su cantata profana del mismo nombre. Muchas de estas melodías son de una vulgaridad descarnada y cínica, por lo que uno se siente aliviado cuando de repente te encuentras en el mismo repertorio pasajes llenos de sensibilidad, amor y ternura. La obra ha llegado a ser una de las más populares en el repertorio de la gente que no siente mayor afinidad por la música culta y que identifican a Carmina como una minita que canta muy bien la música gótica, o como “la del anuncio de tal automóvil, el tema de la Profecía, o la del whiskey fulano y cosas así” Todo mundo la quiere conocer como si persiguieran un autógrafo de Britney Spears. No hace mucho un alcalde español anunció que en el festival cultural de su provincia estaría Carmina Burana cantando en persona.
El hecho es que de pronto la obra se codea en ventas con el canto gregoriano de los monjes benedictinos o con los grupos del New Age, como Dead can Dance, Clannad, Enya, Lorena McKeenett o con los del gótico; que tanto atrae a los pibes dark.
Las películas con temas medievales, a cada momento nos proporcionan ambientes propicios creados por estos temas musicales; baste recordar la novela del Nombre de la Rosa de Humberto Eco, el Señor de los Anillos; generalmente vienen aderezadas con temas originales o sucedáneos de Carmina Burana.
Hay varias formas de acercarse seriamente al asunto, desde el punto de vista editorial está la edición en español de Alianza Universitaria y desde el punto de vista musical está la colección de tres y cinco discos que grabó René Clemencic para Harmonía Mundi Francia. Otro disco excelente con libreto incluido, del cual tomamos algunos de los textos es el de: Carmina Burana. Joel Cohen. Boston Camerata. Harvard University Chair. Teldek
Ambas vienen a resultar acercamientos más o menos confiables a la edad media del Siglo XII. No hay que olvidar que estos escritos eran como una quinta columna de la cristiandad, nacían dentro de su seno, volvían sus ojos a la antigua Roma, mas bien no se desprendía de esa manera tan humana de apreciar y sentir la vida desde la antigüedad clásica griega, digamos el siglo cuarto antes de Cristo.
Los Carmina Burana en términos generales sería algo así como Cánticos monásticos y aunque resulte poco verosímil, se escuchaban gran variedad de cosas que para nuestra época pueden resultarnos trastornantes y atrevidas.
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